COMPLICANDO LAS COSAS
A veces las cosas se complican de tal manera que puede llegar a parecer que estamos viviendo una pesadilla, eso he pensado mientras hacía gimnasia con Manu, un fenómeno que con paciencia y bastante sentido del humor nos entrena, a mi marido y a mi los lunes en uno de los centros que tiene Vita Almería una de esas costumbres sanas que hemos adoptado en nuestra jubilación con la intención de dejar de ser cuerpo escombro, a ver Manu ya nos advirtió que quizás hemos empezado demasiado tarde para según que logros, tú, si estás a tiempo, empieza antes.
Total mientras seguíamos la clase con la lengua fuera, ha salido el tema de los pollitos, el otro día mi hija Belén, a pesar de que le horrorizan los pájaros, se sintió invadida de ternura con un ejemplar de esos.
No compartiendo su entusiasmo reconozco que monos son lo pollitos.
El caso es que Manu, que es un chaval joven con un hijo, nos ha dicho con toda naturalidad que él tuvo un pollito de pequeño, bueno tuvo dos, uno lo ahogó su primo en un afán porque bebiese agua y el otro se llegó a convertir en un hermoso gallo.
De hecho dice que tiene de chico (en Almería chico quiere decir pequeño) un montón de fotos con su pollito en el hombro y vestido de rosa, que era del color que siempre se vestía.
Eso hace muy pocos años no tendría importancia ninguna, incluso se valoraba que los niños no tuviesen roles de niños ni de niñas, estupendo que las niñas jugasen al balón o los niños a las muñecas, todo tan normal.
Por alguna razón que desconozco ahora las cosas están complicándose, no quiero hoy valorar las mendrugadas que tenemos que aguantar de tíos de pelo en pecho y toda la barba que manifiestan sentirse mujeres sin ni siquiera manifestar interés por cambiar de nombre y, oh casualidad, al día siguiente pretenden algún beneficio vetado a su sexo.
Me voy a quedar con esos menores de edad que porque manifiestan interés por roles del sexo con el que no nacieron, sin más valoración médica o psicológica, sin incluso el consentimiento de sus padres, pueden llegar a ser hormonados y en los peores casos hasta intervenidos quirúrgicamente.
Llámame loca, pero hay leyes que solo pueden hacerse desde la más completa ignorancia de lo que es el respeto a la persona, en especial a los niños.
Bien por Manu, al que dejaron crecer en paz.


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